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Reportaje

Alauto, la historia de un sueño

La vida de Alfonso García se resume en una palabra, 'Alauto' | El nombre, sencillo, habla de honradez y de gratitud, de sueños y recompensas, pero esencialmente recoge el orgullo de un hijo convencido de que su éxito es el reflejo de la mirada de su padre


La vida del empresario leonés Alfonso García se resume en una palabra, 'Alauto' (Alfonso Automóviles). El nombre, sencillo, habla de honradez y de gratitud, de sueños y recompensas, pero esencialmente recoge el orgullo de un hijo convencido de que su éxito es el reflejo de la mirada de su padre.

Lo suyo son dos vidas distanciadas en el tiempo pero que siempre se han movido en paralelo, conviviendo, aprendiendo, disfrutando y, en alguna ocasión, lamentando en silencio.

Alfonso, el hijo, reconoce que Celestino, el padre, es la brújula que le ha guiado, el sextante que le ha marcado los pasos, y el sabio que le ha dado los mejores consejos. El resultado, visto lo visto, no ha podido ser mejor.

La figura de Celestino

Alauto suma hoy 36 velas en la tarta de cumpleaños. Lejos quedan los tiempos en los que Alfonso García se convertía en 'asistente' en un concesionario de marcas italianas, para emprender más tarde una aventura llena de incertidumbres y en la que el mejor foco era la figura paterna.

Hoy recuerda con orgullo aquel primer coche, un Corsa, que compró para emprender una trayectoria en la que la figura de Sánchez Ferrero le sirvió como lanzadera. Aquel empresario madrileño, que le hacía llegar vehículos para una clientela siempre fiel, le lanzó en una carrera que aún hoy, con BMW como aliado, no tiene fin.

"Lo más importante es que hemos construido una familia, los alautistas", asegura. Y al frente de esa familia, en silencio, prudente, cauto y sabio, Celestino. "Es que sin él nada de esto habría sido posible", advierte.

Fotos históricas de Alfonso García, junto a su padre, pedaleando juntos y evidenciando su pasión por los coches.
Fotos históricas de Alfonso García, junto a su padre, pedaleando juntos y evidenciando su pasión por los coches.

- ¿Y qué es Alauto para Alfonso García?

Alauto es todo, mi vida. Mi vida, el sentido que da a mi vida. Era un sueño que yo tenía de pequeño, que es estar cerca del automóvil, pero lo que pasa es que jamás me imaginé vivir de ello. Jamás lo imaginé como nunca imaginé que la señalización que estuviera fuera de la exposición no representara a ninguna marca, que me represente a mí mismo... Alauto, Alfonso Automóviles. Jamás, ni en mis mejores sueños pensé yo llegar aquí.

- 36 años de Alauto, ¿Qué piensa?

Pues que soy un afortunado, que solo tengo que dar gracias. Es que soy una persona privilegiada. Estar con los coches, con unos clientes que tengo excepcionales. Estoy fascinado, emocionado, asustado... hay gente que te dice 'ten cuidado que los sueños pueden convertirse en realidad'... Pues a mí se me ha convertido en realidad.

- ¿Y hubiera sido buen trabajador de banca en Banco Herrero, por ejemplo?

Bueno, habría sido un trabajador obediente. Obediente, sí. Recuerdo que cuando empecé con mi padre en 81 él tiene un recuerdo bonito mío de que era una persona muy obediente. Nunca le di guerra, los recados los hacía francamente bien, era un tío disciplinado. Lo que no sé es lo que hubiese durado, porque yo cada vez que veía pasar un automóvil me enamoraba. Me gustaban más los coches que una cuenta corriente, estoy seguro.

- ¿Hasta qué punto ha sido importante la figura de Celestino?

Fundamental... fundamental. Con mi padre he sido un afortunado. Con él he vivido momentos increíbles desde que empecé a trabajar con Fiat y Lancia, aquellas marcas tan difíciles y tan complicadas. Aprendí tantas cosas y además él, sin querer enseñar... Era solo observarlo, era estar cerca de él... Era cómo estrechaba la mano, cómo hablaba de que prometer solo se podía prometer lo que se podría cumplir. El 'confúndete tú solo'. Eran pinceladas, que las tengo grabadas, tantas cosas... Sinceramente creo que yo si no todo, casi todo lo que soy se lo debo a mi padre.

- ¿Le ficharía?

Sin duda, pero con una cláusula de rescisión altísima. Lo que pasa (sonríe) es que lo del fichaje en su caso sería seguro, por admiración y categoría, pero el mío simplemente fue porque deserté de estudiar. Él fijo: "Vamos a rescatarlo". Y así lo hizo. Es que yo no me ha arrimado un libro, salvo que debajo tuviese el catálogo del Lancia Trevi, que era un coche que me gustaba mucho.

- ¿Qué es lo que aprendió de él o cuál es la herencia que él te transmitió en la parte comercial y empresarial?

Sobre todo esa esa solidez que él demostró siempre, esa calma incluso en los momentos de dificultad. Él siempre te hacía sentir como que la marca que teníamos que era lo mejor. Siempre te hacía creer que todo era posible.

- ¿Qué coche le hubiera vendido a Alfonso su padre?

En la época de Fiat, un Fiat Croma, que se vendía muy mal, seguro. Me lo había vendido para que después yo lo colocase en el mercado.

- ¿Y qué coche le habría vendido Alfonso a Celestino?

Yo a él... Ninguno, creo que le hubiese regalado un Serie 7. Le pega.

- ¿De qué es de lo que más orgulloso está?

Del cariño que me tiene la gente, especialmente los clientes. Es una fidelidad personal que es lo mejor. Ese cariño es lo que más orgulloso nos hace sentir.

- ¿Nunca pensó en franquiciar Alauto?

No. Nunca he tenido la tentación.

- ¿Y el futuro?

Me encantaría cumplir años y ver a alguien que sigue con el Alauto, pero no lo veo en este momento. Ojalá la marca siguiera en el tiempo. Hay una familia, que llamamos alautistas, y ojalá esa familia estuviera siempre unida y generación tras generación.

- ¿A quién le dedica todo esto?

A mi padre, en primer lugar. A partir de ahí a mucha gente, muchísima. Pero a él, el primero.