El anuncio más singular
Han pasado 35 años desde la primera vez que Vicente Parra se vistió de Nazareno Lambrión Chupacandiles y salió a las calles de Ponferrada para anunciar la llegada de la Semana Santa. Algo, en todo caso, que no le era ajeno ya que desde niño vio como su abuelo y después su padre se transformaban cada año en esta emblemática figura de la celebración religiosa de la ciudad. No obstante, el Nazareno Lambrión Chupacandiles tiene siglos de historia, tantos como la Real Hermandad de Jesús Nazareno, a la que pertenece, y cuya fundación se establece, aproximadamente, hace 400 años.
En los documentos de la Hermandad no está reflejada una fecha exacta sobre el inicio de esta tradición, aunque sí queda clara su función: llamar a los cofrades para que se preparen para participar en la Semana Santa y anunciar a los fieles la llegada de la celebración.
Año tras año
El Nazareno Lambrión Chupacandiles sigue saliendo, año tras año, el día antes del pregón de la Semana Santa de la capital berciana, para hacer sonar su campana por toda la ciudad, llamando a los cofrades e invitando a todos a participar en el pregón, que en este caso se celebrará mañana domingo, 6 de abril, a las 13 horas en el Teatro Bérgidum de Ponferrada, a cargo del filósofo y director del Coro Tomás Luis de Victoria de la Universidad Pontificia de Salamanca, José Udaondo Puerto.
Parra y la tradición
Parra volvió a cumplir hoy con este cometido. Ataviado con su túnica y pucho negros, su cuerda al cinto y su campana. Una figura única que, junto a otros elementos, propició la declaración de esta fiesta como de Interés Turístico Nacional, de la que precisamente se cumplen diez años.
“El Lambrión data de mucho, mucho tiempo. Obviamente desde un principio la idea principal de este personaje fue la de recordar a los hermanos la celebración de la Semana Santa y el comienzo del pregón”, explica Parra.
“Yo me preparo de una manera muy fuerte. Para mí el personaje del Nazareno Lambrión Chupacandiles tiene muchísima significación, no solamente personal, sino también familiar y es muy entrañable para mí puesto que, desde pequeño, recuerdo la figura en mi casa. Para nosotros era muy importante ese día”, recuerda.
En torno a las 16:00 horas
Parra comienza esta aventura, cada año, en torno a las 16 horas, cuando empieza a vestirse en la Basílica de la Encina, donde inicia su recorrido. Con devoción y recogimiento, se enfunda la túnica y el pucho, cuelga la medalla de la hermandad, la soga a la cintura y agarra la característica campana. Ya está listo para salir a la calle. “Desde el momento que inicio el recorrido en mi mente se agolpan multitud de pensamientos, de recuerdos, y en especial todo lo que se refiere a las vivencias que he tenido y que han representado mucho en mi propia vida en la Semana Santa”, reconoce.
Desde la Basílica se dirigió, como siempre, hacia el Castillo de los Templarios, el Hospital de la Reina, el puente García Ojeda, el barrio del Temple, la iglesia de San Ignacio, la de San Pedro, la calle General Vives, la calle Ancha, la plaza del Ayuntamiento y el Casco Antiguo. Cerca de tres horas de paseo, con pequeñas paradas en lugares donde las cofradías le hacen una recepción, como ocurre con la de Jesús Nazareno del Silencio, en San Pedro.
Antiguamente, los vecinos y los bares le invitaban a disfrutar de unos vinos a lo largo de su caminata, algo que ahora se ha perdido. A lo largo del recorrido también son muchos los que se interesan por su figura, desconocida especialmente entre turistas y peregrinos, a quienes les llama la atención su vestimenta y su campana.
El competidor de Parra
Pero además desde hace un año, Parra tiene un competidor: una estatua de su personaje, a los pies de la fortaleza templaria. Una pieza de bronce, de 2,7 metros de altura, obra del escultor de Fabero (León), Tomás Bañuelos. Una estatua que refleja “nobleza en el gesto y el respeto que requiere el personaje”, según dijo el propio artista el pasado año, cuando se inauguró. En este tiempo la estatua ha llamado la atención de vecinos y turistas, que no pueden pasar por delante sin pararse a admirar su belleza, sacarle una foto e interesarse por lo que representa.
“Como cualquier ciudadano de Ponferrada, cuando paso por ahí observo la estatua del Nazareno Lambrión Chupacandiles que, para mí, a nivel personal, tiene muchísimo significado”, reconoce.
Y todo teniendo en cuenta que se trata de un personaje casi único en el mundo. “Le ha dado un realce a la Semana Santa de Ponferrada. Además la propia hermandad, últimamente, ha remarcado y explicado mucho más esta figura. En consecuencia en la ciudad vuelve a adquirir un realce considerable. Se nota muchísimo a lo largo del recorrido. He notado una evolución importantísima. Cuando comencé era algo conocido, sobre todo, por personas mayores. Hubo una época intermedia en la que los jóvenes desconocían al Lambrión. Sin embargo ahora se ha reforzado y Ponferrada y sus ciudadanos tienen un cariño entrañable a este Nazareno”, concluye.