"La primera vez que pujé El Encuentro tuve claro que quería ser papón para toda la vida"

Javier Fuego Guisuraga lleva casi cuatro décadas viviendo la Semana Santa desde dentro, con la emoción de quien pisa las calles con devoción y el orgullo de formar parte de una de las tradiciones más arraigadas de su ciudad. "Para mí la Semana Santa es una demostración de fe y tradición", confiesa.
Su historia como papón comenzó a los 14 años, cuando tomó la decisión de unirse a la Cofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno sin que nadie de su entorno le hubiera introducido en este mundo. "Me encantaba el ambiente de la Semana Santa. Quería formar parte de esto", recuerda. Desde entonces, su compromiso ha ido en aumento y, a día de hoy, con 53 años, sigue participando con la misma ilusión de aquel adolescente que se sintió atraído por la solemnidad de las procesiones.
Los primeros pasos y los nervios de la iniciación
Como todo inicio, sus primeros años estuvieron marcados por los nervios y la incertidumbre. "El primer año no sabía dónde ponerme. Cuando veía las procesiones creía que los papones iban en cada sitio porque alguien les decía cómo, pero allí nos poníamos en la fila y para adelante", relata. La sensación de desorientación pronto se convirtió en pasión y aprendizaje, y al cabo de dos años se inscribió también en la Cofradía de Nuestra Señora de las Angustias y Soledad. Su compromiso continuó creciendo, sumándose después al Santísimo Sacramento de Minerva y la Santa Vera Cruz, y posteriormente al equipo de montaje de esta cofradía.
Uno de los recuerdos que guarda con especial cariño es su primera experiencia pujando. Fue en la Cuesta de las Carbajalas, con el paso de San Juan. "Un bracero me dio la oportunidad de subir la cuesta entera", rememora. Ese instante fue determinante para él, un momento de emoción pura que, como explica, es difícil de describir. "Todos los papones decimos lo mismo: lo que se siente al pujar al final no lo sabes explicar. Hay que vivirlo".
La evolución dentro de las cofradías
Su trayectoria dentro de las cofradías ha sido una progresión constante. Desde hermano de filas hasta bracero titular, pasando por llevar banderas, faroles o incensarios, el camino ha sido largo y lleno de aprendizaje.
A lo largo de los años, ha tenido el honor de pujar en varios pasos. En la Cofradía de Nuestro Señor Jesús Nazareno, lleva el paso de 'San Juan'. En Minerva y Veracruz, sale con 'El Descendimiento' los viernes y con 'Nuestra Señora de la Veracruz' los miércoles. Y, en los años pares, en Angustias, puja 'La Santa Urna' en la 'Procesión del Entierro'.
Uno de los momentos clave en su vida como papón fue la primera vez que pujó El Encuentro. Aunque las condiciones no fueron las ideales, pues eran más braceros por vara de lo habitual, fue el instante en el que se dio cuenta de que esta tradición estaría con él para siempre. "Ahí me acabé de enganchar y me dije: esto va a ser para toda la vida. Ser papón me encanta".
La hermandad que trasciende la Semana Santa
Más allá de la pasión por la Semana Santa y el fervor religioso, Javier destaca la hermandad que se genera entre los miembros de las cofradías. "Se amplía tu círculo social. Tienes tus amigos de la cofradía, tus hermanos de la cofradía".
Dentro de esta comunidad, Minerva ha sido un pilar fundamental para él. "No sé si es porque soy montador y me paso medio año en la cofradía, pero es un sentimiento muy bonito de hermandad, de mucho cariño". Y si algo caracteriza a este vínculo es la calidez con la que se reciben unos a otros. "Somos mucho de abrazarnos. Pero mucho. Además, un abrazo fuerte, abrazo de familia, como llamo yo".
Expectativas para este año
Con la ilusión intacta, Javier solo tiene un deseo para la Semana Santa de este año: "Que no llueva, que se llene la ciudad y que haga buen tiempo para que todo salga bien".