León pone los muertos

Las entrañas de los montes de la provincia de León siempre han sido objeto de deseo por sus riquezas minerales. Griegos, fenicios, romanos... y así hasta llegar a los tiempos contemporáneos. Unas veces por metales preciosos, otras por su poder energético y últimamente materiales englobados en ese término de “minerales raros”.
Durante casi dos siglos, el subsuelo de esta fértil tierra ha movido al menos un cuarto de la energía carbonífera de este país. Aún suena la cantinela del bercianista Tarsicio Carballo: “La carretera Villablino-Ponferrada, la que más ha contribuído transportando mineral a dos centrales térmicas y al puerto de Gijón, y no han sido capaces de terminar la autovía que alivie el tráfico”. Y algo de razón tenía el anciano político visionario, ahora ya retirado.
León en general y el Bierzo en particular, vendieron su alma en una época donde la energía carbonífera era el principal motor de la nación. Pero hubo mucha prisa por derribar centrales, aniquilar empleos, cerrar negocios y abandonar los pueblos. Por aquí se dice para hacer sostenible, más si cabe, a las compañías eléctricas privadas.
Y asomaron los especuladores, las empresas con nombres raros sacados de sabe Dios dónde. Y con ellas llegó también el reverso de la moneda
Y cuando todo este proceso se asimilaba acalladas las protestas a golpe de prejubilaciones han llegado los cánticos de nuevas explotaciones minerales, de un posible futuro esperanzador. Litio, estaño, tungsteno, cobre, magnesita, hierro, carbón y otros. Un rayo de ilusión alcanzaba a las familias, aún en espíritu mineras, de la provincia de León. El noroeste peninsular podría seguir siendo útil por mor de su riqueza enterrada en sus entrañas.
Y asomaron los especuladores, las empresas con nombres raros sacados de sabe Dios dónde. Y con ellas llegó también el reverso de la moneda. El coste en sangre. Jóvenes vidas segadas demasiado puerto. “El grisú es la madre que lo parió”. España puede seguir contando con esta provincia siempre entregada y fiel. León pone su tierra y... los muertos.