Nadie escribe solo su biografía

En tiempos difíciles, quizá más que nunca, el trabajo en equipo es más necesario, que se unan los esfuerzos en una misma dirección. Trabajar, efectivamente, en equipo es una ventaja competitiva de las auténticas. La realidad nos enseña que trabajar en equipo -como la mayoría de las buenas prácticas- requiere esfuerzo. Y exige cambios (mejoras) a nivel de las personas y de las organizaciones. Implica cooperar, compartir información y tomar decisiones en conjunto.
Quien tiene la responsabilidad de dirigir debe tener la capacidad de estar informado de todo lo relevante para su organización, de trabajar codo-con-codo con cualquiera. Tiene que mantener la política de puertas abiertas y contagiar a sus colaboradores para que estos se adhieran, ojalá con entusiasmo.
Es probable que, por la velocidad habitual del ajetreo diario que vivimos, haya cosas esenciales que se nos escapen
Por tanto, debe tener la capacidad para relacionarse y comunicarse -efectivamente- con las personas, muy especialmente, con su equipo de colaboradores. Su principal tarea es coordinar a las personas a quienes tiene la responsabilidad de dirigir, para lograr los objetivos que se quieren alcanzar. Esto implica tiempo y habilidad para delegar, trabajar en equipo, escuchar a las personas y considerar su participación en la toma de decisiones.
Es probable que, por la velocidad habitual del ajetreo diario que vivimos, haya cosas esenciales que se nos escapen y, sin mala intención, no las advirtamos. Una de ellas es que varios episodios de las personas que conviven con nosotros dependen, en cierto modo, de nosotros, de nuestro comportamiento.
Los dolores que causa una pareja, un hijo, un padre, un jefe, un colaborador, son dolores existenciales que desvían la trayectoria de unas vidas que podrían haber tenido un cauce más feliz; el abandono o la indiferencia de quienes necesitan nuestro cariño deja huellas que no se borran ni cicatrizan fácilmente.
Acciones u omisiones -nuestras- que no han sido indiferentes en esas historias que en un momento han convergido con la historia personal
Acciones u omisiones -nuestras- que no han sido indiferentes en esas historias que en un momento han convergido con la historia personal. Un silencio cómplice, una actuación injusta, un mal ejemplo puede dejar marcas, cicatrices. Como también una palabra acertada, una muestra de cariño desinteresado, una mano que se tendió en el momento oportuno, un ejemplo positivo, pueden haber contribuido a hacer de esas vidas algo mejor de lo que hubieran sido. Son las huellas.
Nadie escribe solo su biografía. Influimos, visible o invisiblemente, de una manera consciente o inadvertida, en las vidas ajenas. Atención a esta realidad, y esforcémonos por dejar huellas y no cicatrices: en la familia y, también, en los equipos de los que formamos parte y/o tenemos la responsabilidad de dirigir.