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El mago Fonso y su chistera

Reconozco que nunca he sido mucho de circo, y no se me malinterprete, que esta vez hablo de ilusiones, fantasía, equilibrio, donaire y salero.

Reconozco que nunca he sido mucho de circo, y no se me malinterprete, que esta vez hablo de ilusiones, fantasía, equilibrio, donaire y salero. Del circo, circo, que siempre se ha escrito con mayúsculas en los carteles que anuncian sus funciones, en los remolques de su colorida caravana, en la mente de niños ilusionados y adultos alimentados de dulces recuerdos. No, nunca fui muy partidario de payasos, equilibristas, domadores, trapecistas, funambulistas... Manifestaciones, no obstante, de un arte sublime, la comedia en términos absolutos, que me merecen respeto y hasta reverencia, que tratan de alejarnos de una cotidianidad dura y áspera, elevando nuestro espíritu o, simplemente, alegrándonos sin más.

En cualquier espectáculo circense suele incluirse la actuación de un mago. Y ahí sí que solía, y aún suelo, rendirme. Ya sea ilusionismo, prestidigitación, mentalismo, el espectáculo me conmueve. La capacidad de ese hombre o, cada vez más, mujer para engañar al ojo avisado y al cerebro pendiente a la vez me parece pasmosa. Esa habitual conexión con el público, esa complicidad ganada a base de guiños certeros, ese buen hacer, ese ¡ZAS! visto y no visto delante de tus propias narices. Fantástico ese profesional artista capaz de hurtar a la vista, al oído y a la razón el proceso de su magia, de su hechizo.
Y qué decir de la parafernalia y teatralidad, de las muchas veces complicada tramoya de espejos, cajones con doble fondo, trampillas ocultas, humaredas, explosiones, maquinaria toda, en fin, para el desarrollo del espectáculo. Artificios notables, dispositivos de indudable ingenio... Hasta la simple chistera de la que no deja de salir una paloma, un kilométrico pañuelo, un ramo de hasta olorosas flores y el consabido conejo.

El conejo, claro. Y ustedes preguntándose a dónde quiero llegar hoy.

Pues que ya huele a papeleta, a urna, y que ya empiezan a sonar los cantos de sirena. Átense al mástil como Ulises de Ítaca, porque desde los partidos políticos empiezan las ofertas que apelan a nuestra cansada memoria de pez. Los mismos que ayer les han estado ignorando en sus listas de espera sanitaria, en sus transportes públicos inoperantes, en sus demandas de atención administrativa, en suma, en su indiferencia ante los reales problemas, hoy sacan la chistera de los eternos anhelos y reparten a diestro y siniestro su pretendido botín de regalos y dádivas.

Entre ellos destaca hoy el Presidente de los magos autonómicos, Fonso, que de su rutilante chistera de lentejuelas y purpurina saca dos promesas electorales que no sabemos muy bien por qué son de ahora y no de hace seis años que gobierna... A saber: Una ayuda a todo aquel autónomo que asuma el negocio de otro que se jubile, cifrada entre diez mil y veinte mil euros, menuda horquilla, Fonso hijo, que como no sale de tu bolsillo, sino de tu chistera de mago, qué más da la cifra, si es para seguir tomándonos el pelo cuatro años más. Otro regalo de tu simpar sombrero es el bono gratuito y universal de todo transporte metropolitano gestionado por tu gobierno, medida que, siendo generosa, tampoco queda muy claro si no podía haberse tomado antes. Antes, que había más líneas disponibles y más usuarios habituales que aún no se habían aburrido del irregular y escaso servicio. Dices que estas medidas generarán oportunidades en el territorio. No seré yo quien las censure si llegan, pero la oportunidad de brindarlas siempre en período preelectoral ofende un poco.

No sé cuán de larga prevé el presidente la campaña, que él maneja los tempos, pero espero le dé tiempo a ampliar la oferta al punto de que se le agoten los recursos de chistera y necesite el baúl de escapismo y hasta la camisa de fuerza para hacernos comprender la generosidad que por su mano se nos alcanza. 

No me olvido de otros ilusionistas que entre bambalinas esperan su turno, y, a la chita callando, van ofreciendo también “tráilers” de su espectáculo, como el refrendado Secretario General Provincial del PSOE, que generosamente y ahora se brinda como “conseguidor” de la integración de Feve en la Ciudad de León. De su ajado sombrero hongo, que su puesto en Madrid le cuesta muchos cuartos y no da para uno de copa, asoma las orejas el Conejo de Torneros, bichejo enquistado en la mente del público, que no sabe si aplaudir el ofrecimiento o esperar el incierto resultado.

¡Zas! Y en un visto y no visto tu voto una vez más te habrán hurtado. Avisado quedas, espectador cegado por la habilidad del artista y el oropel del escenario. Que no te pille de sorpresa la magia de chistera, y recuerda siempre que has pagado la entrada, que nada se te ofrece gratuitamente y que mereces la suerte de asistir a un espectáculo, pero sin trampa ni cartón.