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Ministro Puente. Aburre, pero no cansa

Nos tiene el ministro Puente acostumbrados... Paremos un momento el relato y frivolicemos un poco...

Nos tiene el ministro Puente acostumbrados... Paremos un momento el relato y frivolicemos un poco, que no todo va a ser pesimista reivindicación leonesista, victimismo de rebaño doliente, como parecen querer vernos algunos. Que el apellido del ilustre sea Puente y que se encargue del Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible (Un Fomento de toda la vida, no hagamos mucho caso a alharaca dialéctica) parece un signo de predestinación. Imagínense que, además, el apellido denotase talante y carácter. Nada más brillante que un puente, una obra de ingeniería que une, una obra pública tan necesaria y de la que en León tenemos tantos ejemplos notables, aunque también de ausencia de los mismos... Pero esto es queja y no toca, que estamos en la épica genealógica del apellido del Ministro.

Y seguimos, que se habla de puentes entre culturas, y de tender puentes cuando se necesita solucionar controversias. Los hay que nos ponen de excelente humor, como el de la Constitución, que nos enlaza fechas festivas en el calendario y los tenemos también de índole musical, como la sujeción de las cuerdas de nuestras guitarras, ukeleles y bandurrias. Hay puentes menos dignos, como el del pie, malamente recordado cuando sufrimos una fascitis plantar, o esos referidos a la prótesis dental, que pueden ser móviles o fijos.

Desierto y desolación

Y después está el ministro, que por lo visto sí es fijo en producirnos un dolor asimilable al de la fascitis plantar, pero, permítasenos la fina descripción, con notable inflamación tegumentaria en zona inguinal. Esto último no es más que un incordiar de toda la vida, pero dicho en términos médicos queda muy bien, técnico y tal. Les invitamos a que lo incorporen al vocabulario habitual y así eviten ser expulsados por el comité disciplinario incompetente correspondiente, que de un ministro del PSOE estamos hablando, y cualquier cosa es tomada como insulto aunque sean las verdades del barquero. El barquero, pobre hombre, otro que se quedó en paro por culpa de un puente.

Decíamos entonces que el ministro Puente nos tiene acostumbrados a aislar a León. Pero es que además le gusta el recochineo, lo zafio de la inoportunidad. Anunciar a bombo y platillo una inversión que se irá, seguramente, a más de 400 millones de euros cuando esté terminada la nueva estación de Valladolid... Sí, porque ustedes habrán oído que serán unos 270 y pico los millones de euros, pero los plazos de ejecución dilatados, las cláusulas de mejora admitidas, que eso sólo lo saben las partes firmantes, y lo que se nos vaya en “dotación a la infraestructura” no incluida, hará que la factura sume una, por otro lado muy habitual en España, desviación del 30%. 

Y, mientras tanto en León, y sólo por hablar de estructura en ferrocarriles... Lástima que este texto no acompañe video, porque ahora tocaba esa imagen tan de “western”, tan de aldea del medio oeste donde ya se han muerto hasta las cigarras, con esos cardos rodantes (estepicursores dicen los botánicos) arrastrados por esos impenitentes vientos mesetarios.

Pues eso, mientras tanto en León desierto y desolación. Con una rampa del Manzanal que hace que un tren tarde en llegar de Ponferrada a León lo mismo que de León a Madrid, con la sensación en el sufrido viajero de que en cualquier momento aparecerá un empleado y le dirá que se baje a empujar, cuando no otro en la estación ya le ha indicado que suba a un autobús, que el viaje es por carretera.

Feve y mucho más...

O como en León capital, con una integración de Feve que ya damos por muerta y enterrada, aun cuando hay todavía un movimiento social esperanzado y empeñado en que se retome. Aducirá el gestor de infraestructuras que cualquier inversión en esta vía es dinero perdido, dado el descenso de 300.000 pasajeros anuales en los últimos 15 años. Pero lo que no tiene en cuenta este ente es que cualquier servicio mal atendido tiene como consecuencia el desistimiento de los usuarios. Palmario.

Imaginen una ribera del Torío residencial, bien servida de comunicaciones. Desarrollo de vivienda también el que se podría haber hecho en León con un auténtico soterramiento como el proyectado, de cinco kilómetros, y no esta rampita de kilómetro y pico que no ha permitido unir y articular por fin la ciudad y sumar metros de residencia y zonas verdes.

En fin, Ministro Puente. Sólo le pedimos que deje de disimular, que ya sabemos que nos tiene un asco que no nos puede ni ver, que si le pudiese hacer un doblez al mapa y unir Villafranca del Bierzo con Izagre y hacer desaparecer la provincia entera, estaría usted encantado. Déjelo, que sabe que aburre y lo quiere usar para cansarnos. Pero no lo va a conseguir, porque desde El Bierzo hasta Tierra de Campos y desde La Cabrera hasta Oseja de Sajambre, por más que se empeñe en separarnos por ferrocarril o carretera, estamos unidos en un común sentimiento: No nos merecemos se nos trate con tanto desprecio. Y encima de este puente y detrás de esa pancarta sí estamos todas las leonesas y leoneses unidos.