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Sipam Montañas de León, ¿Una ocasión perdida?

Corre noviembre del año 2022, y de forma algo inadvertida para la mayoría de las leonesas y leoneses, la FAO, Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, distingue...

Corre noviembre del año 2022, y de forma algo inadvertida para la mayoría de las leonesas y leoneses, la FAO, Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, distingue al Sistema Agrosilvopastoril de las Montañas de León como un Sistema Importante para el Patrimonio Agrícola Mundial (siglas SIPAM).

No es ésta una distinción caprichosa, sino un mérito muy importante y muy trabajado. Primero porque reconoce y destaca un sistema de explotación de recursos agrícolas, ganaderos y forestales que se ha mantenido en el tiempo, respetando tradiciones, contribuyendo positivamente a la sostenibilidad ambiental, a la seguridad alimentaria y su trazabilidad garantizada, manteniendo comunidades locales apegadas al territorio, todo ello en un entorno natural, alejado de aglomeraciones urbanas y a salvo del ataque de la contaminación. Segundo porque premia la labor, destacada y empeñada, del Representante Permanente ante La FAO, Juan Prieto, leonés de raíz y comprometido con lo leonés, y del equipo del ICTAL (Instituto de Ciencia y Tecnología de los ALimentos) y Eugenia Rendueles que, bajo el paraguas de la ULE, ha diseñado el plan rector de actuación y desarrollo del territorio.

Este plan rector está basado en frenar el declive poblacional intentando desarrollar nuevas iniciativas de industria agroganadera y forestal, dar impulso a un turismo sostenible aprovechando los recursos del territorio y tratar de llevar a cabo políticas de sostenimiento del ecosistema, tratando de paliar las consecuencias del cambio climático en un entorno tan comprometido. La ULE nunca se ha puesto de perfil en este asunto y ha demostrado su intención cierta y comprometida de aportar capital científico y músculo intelectual al proyecto.

Puede llamar a engaño el nombre “Montañas de León”. En realidad es territorio SIPAM un aproximadamente 60% de la superficie provincial. Resulta ser la tercera en la lista en cuanto a superficie de todo el Mundo, justo por detrás del Parque Masai Mara en Kenia y de la Milpa Mara, que, si no les suena, pueden traducir por Península del Yucatán en México.

Un logro soberbio, el premio a un esfuerzo no exento de penalidades y sometido a dura evaluación internacional. No es una distinción baladí. En España la han logrado otros cuatro territorios, de superficie mucho más limitada y con especificidades que los hacen únicos, pero no tan plurales como “Montañas de León”. Se trata de El Valle Salado de Añana en Álava, Los Olivares de Sénia en Tarragona, La producción de pasas de uva en la Axarquía de Málaga y la Huerta Valenciana.

No es por comparar, sino por poner en relación el logro de León. Todos estos territorios albergan prácticamente monocultivos y son en superficie infinitamente más pequeños que “Montañas de León”. Francamente me ponen ustedes en un compromiso si tengo que enumerar las denominaciones de origen e indicaciones geográficas protegidas que alberga nuestro SIPAM.

Pero no por pequeños estos territorios han dejado de entender la importancia de la marca SIPAM. Todos están asociados a territorios de la misma índole en otros países, desarrollan programas de intercambio y abundan los simposios para aunar esfuerzos en desarrollo y proyección internacional. Hay un retorno económico cierto. Ser un SIPAM te pone en el mapa mundial, te permite acercarte a países como Japón o Australia, que tienen muy a gala “consumir sostenibilidad”, las rentabilidades comerciales son superiores en países donde lo verdaderamente ecológico y sostenible es un valor. Que se lo digan a la pasa de Málaga, hoy bien asentada y presente en mercados internacionales y con un valor en alza.

Imaginen ahora esto mismo en la provincia de León, con la mayoría de la producción agrícola y ganadera amparada por el paraguas SIPAM. Nuestros productos cárnicos, embutidos, quesos, fruta, hortalizas, legumbres. No me digan que no es un sueño sacudirse el baldón de “Tierra de Sabor”, ese sello castellanista y con muy escasa proyección internacional al que podríamos adelantar por la derecha y sacudirnos el polvo. Pero todo es sueño…

Bajen ahora a la tierra, a esta Tierra de León y dense de bruces con la miseria de nuestra clase política. Dos años y medio ya desde la distinción por parte de la FAO y, salvo viaje a ir a recoger el reconocimiento, por parte de la Excelentísima Diputación de León nada de nada.

Se supone que la gestión de un valor en el territorio provincial debía de estar regida por el órgano provincial.  En esto se puso especial empeño, primero por la lógica adscripción geográfica, pero también en buena medida para evitar la “vampirización” por parte de la Junta De Castilla sin León, más que probable conociendo el expolio sistemático al que ha venido sometiendo a la provincia estos últimos 41 años de ignominia.

Así estamos. La propia ULE puso en su momento a disposición de la Diputación su propia fundación para articular un órgano que llevase a efecto el plan rector, pero nuestra Universidad sólo obtuvo la callada por respuesta.

Dos años y medio para decidir si queremos hacernos mayores y afrontar un proyecto básico para el despegue de la provincia, para enterarnos de si queremos un futuro fijando población rural, para saber si de una vez Los Picos de Europa también son cosa nuestra o sólo de Asturias y Cantabria. Para ver vinos de El Bierzo homologados a los de Napa Valley en las vitrinas de los mejores restaurantes del mundo, para ver a la carne de Wagyu a la misma altura o superada por nuestras razas autóctonas, ver el botillo encumbrado a delicatessen internacional vendiéndose en Alemania a un precio consecuente y con su mercado rendido… Y otra vez soñando.

Porque parece que nadie en El Palacio de los Guzmanes está dispuesto a tirar del carro, esperando quizá montar alguna fundación o, mejor, un chiringuito para repartir favores y aun pagar alguno del pasado. No sé por qué siempre que se habla de gestión en política hay que hablar de pagos. Será porque el altruismo y la labor pública bien entendida están sobrevalorados.
Queridas leonesas, queridos leoneses. Por favor, si está en vuestra mano, difundid este mensaje y, si no hay voluntad política y legítimo orgullo, que al menos prime el sentido económico y podamos sacar entre todos adelante este ilusionante proyecto.

El balón desde luego está en el alero de la Diputación, pero los alcaldes de los municipios afectos tienen mucho que decir en “su casa de todos”. La industria agroganadera, las denominaciones de origen e indicaciones geográficas protegidas también son actores implicados que deben exigir respuesta a una administración inane.

Leonesas y leoneses todos, reclamemos el bien para nuestra tierra. Que de oportunidad única no hagamos ocasión perdida.