'La lentitud de los bueyes', versos de Julio Llamazares para el Día Mundial de la Poesía

Es bastante probable que muchos lectores de este libro de poemas de Julio Llamazares (Vegamián, 1955) no sean primerizos. Y es más que posible que sus bibliotecas tengan incluso más de una edición de este libro (alguna conjunta con su segundo poemario, ‘Memoria de la nieve’, o en un volumen recopilatorio de todos sus versos), el primero de poesía que reconoce haber escrito su autor en un lugar y tiempo concreto (Gijón, primavera de 1978) cuando era un jovencísimo estudiante de Derecho.
Habrá incluso quien conserve la primera edición, aparecida en León en 1979 en ‘Provincia’, una colección de poesía vinculada a la Institución ‘Fray Bernardino de Sahagún’ de la Diputación de León de la que era secretario, si no recuerdo mal, Antonio Gamoneda. Por si a alguien le surge la duda, ‘La lentitud de los bueyes’ no se publicó en esa colección por la condición leonesa de su autor sino porque el libro recibió, el mismo año en que se escribió, el premio Antonio González de Lama que aún hoy sigue convocando, con carácter internacional, el Ayuntamiento de León.
Para no darlo todo por sabido, apuntaré que Antonio González de Lama, fue uno de los fundadores junto a Eugenio de Nora y Victoriano Crémer, de la revista de poesía ‘Espadaña’. No hay más que ver el catálogo de los primeros años de ‘Provincia’ para darse cuenta de que lo que sobraron fueron grandes poetas.
Una delicia
Todas las ediciones de ‘La lentitud de los bueyes’ tienen su sabor. Y esta que Nórdica Libros nos regala en esta ocasión es una auténtica delicia porque está ilustrada con unas bellísimas acuarelas de Leticia Ruifernández (Madrid, 1976). Son objetivamente hermosas, simbólicas, sugerentes. Y siguen de maravilla el compás que marcan los versos del imaginario de Julio Llamazares: ‘Todo es tan lento como el pasar de un buey sobre la nieve’, ‘Mi voz será como un paréntesis de duda’, ‘Lejos de los campos rojos y las aguas lentas…’, ‘De vez en vez, la tristeza’.
Son, por decirlo de alguna manera, la representación de la emoción de la poesía. Para quien -como es mi caso- no dibuja, no pinta o no es hábil manualmente, nada hay como la fascinación que generan aquellas personas que son capaces de crear con un lápiz, un pincel, el barro o cualquier otra cosa. O con la palabra, por supuesto.
Por eso hoy, que es el Día de la poesía, es toda una suerte poder volver a los versos ahora ilustrados de Julio Llamazares que regresan, dulce agrios, como la vida, a tiempo para celebrar un cumpleaños. ‘Como si todo fuera igual. Como si no hubieran pasado tantos años’.
Julio Llamazares
Nórdica Libros S. L. 2025
62 páginas