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365 leoneses | Katia Malvar, educadora social

"Fui de Amicus a México, lo pasé increíble, pero no lo cambio por la tranquilidad de León"

Katia Malvar es educadora social, trabajo que ella resume como "madre sustituta", aunque va más allá | Disfruta de su trabajo y de su tiempo libre con su familia y amigos, pero también del yoga y el pilates, "me siento bien y es un ratito que tengo para ser yo"
Katia, en sus ratos libres, disfruta de las escapadas con su marido y su hijo.
Katia, en sus ratos libres, disfruta de las escapadas con su marido y su hijo.

Katia Malvar es “madre sustituta” y es que así es como define ella su trabajo como educadora social en un centro de acogida de León, aunque asegura que su trabajo “va mucho más allá”.

Katia comienza explicando, antes de resumir su vida como leonesa, qué es la educación social, y es que, tal como asegura, se suele confundir con el trabajo social “y son dos cosas distintas”. “La educación social es una disciplina pedagógica que ayuda a las personas a desarrollarse, especialmente a aquellas que se encuentran en situación de vulnerabilidad”, expone.

Ayudar a la gente y formar parte de su proceso hacia una vida adulta provechosa ha sido una de las principales motivaciones de Katia a la hora de consolidar su carrera como educadora social. Pero su historia empieza mucho antes.

Infancia rural

“Mi infancia la pasé en Mansilla de las Mulas, donde se me conoce como ‘la hija de la gallega’”, y es que, aunque Katia afirma ser “mansillesa de pura cepa”, lo cierto es que sus padres llegaron a la villa, hace ya décadas, desde Galicia, por motivos laborales, “en busca de mejores oportunidades y aquí ya nací yo. Me siento muy mansillesa, aunque también siento la morriña de Galicia”, relata.

Recuerda su infancia en el pueblo de manera muy feliz, con sus amigos, “éramos una buena pandilla”, asegura y añade, “jugábamos en el parque, hacíamos casetas y jugábamos a muchos juegos tradicionales como la comba, ‘polis y cacos’, el escondite o el castro”. Aunque asegura que, como todo niño de aquella época, “también nos gustaba hacer alguna trastada, como tocar timbres y salir corriendo, aunque siempre sabían quiénes éramos”. Y es que, la vida rural tiene ese encanto especial de comunidad que permite que todos se conozcan.

Sus estudios básicos también fueron en su Mansilla natal. Recuerda haber ido “hasta tercero de primaria a la antigua escuela, lo que ahora es la biblioteca”. Katia vivió la transición de pasar al colegio, donde comenzó a juntarse con niños de otros pueblos y a aumentar sus amistades, algo no había hecho más que empezar. “Tengo muy buenos recuerdos de aquella época y ahora que me ha tocado hacer la matrícula de mi pequeño, me ha venido a la cabeza aquellos maravillosos años en los que una quería crecer y ahora, echando la vista atrás, no quiere que pase el tiempo tan rápido”, asegura Katia. Aprovecha también para hacer alusión a la educación rural, “los profesores miraban mucho por cada alumno, es lo bueno que tiene que las clases sean más pequeñas, con menos alumnos”.

Salto a la ciudad

Pero lo mejor aún estaba por llegar. Al terminar la educación secundaria en su pueblo, pasó a estudiar bachillerato en León, en el Giner de los Ríos, “donde pasé la mejor época de mi vida, con nuevas amistades y experiencias únicas”. Las primeras salidas por León y la fiesta en las emblemáticas discotecas más juveniles de la época, Gabanna y la Oh!.

Cuando acabó el instituto, Katia optó por estudiar un grado medio de educación infantil en el Ordoño II, “también nueva época, nuevas amistades, empiezas a conocer el barrio de la Palomera, los universitarios, otro ambiente también diferente, muchas espichas. Y luego ya la espicha de verdad, que ya fui a la universidad”, relata.

La educación social resonando en su cabeza

“Pero quería más y algo nuevo sonaba en mi cabeza, la educación social”, así es como Katia tomó la decisión de empezar su carrera en la Universidad de León. “Mi prima Nathali fue la que me explicó qué era la educación social y yo que parecía que seguía sus pasos, me animé”, afirma Katia, que pertenece a la tercera promoción de este grado universitario en León.

Durante esta época, “tuve la oportunidad de irme de Amicus a México y aunque me lo pasé increíble, no lo cambio por la tranquilidad de León”, detalla de su experiencia en el programa de movilidad internacional que ofrece la ULE.

Educadora social en un centro de acogida

Katia asegura ser una gran afortunada y es que, según terminó su carrera, comenzó a trabajar como educadora social. “Fue toda una coincidencia, porque de aquella mi prima, la misma que me animó a estudiar la carrera, empezaba a trabajar allí poco a poco, alguna noche y yo entre allí por recomendación de ella, a hacer una sustitución”, explica Katia. Y lo que comenzó como una simple sustitución, se convirtió en su profesión, “llevo ya nueve años trabajando”, asegura.

Entre medias, Katia comenzó las oposiciones para convertirse en funcionaria de prisiones. “Una oposición siempre es algo seguro, tengo a mi hermano que me animaba porque él es funcionario de prisiones, y también mi marido, que me decía, “si te pones lo sacas”. Pero trabajar y estudiar no te permite dedicar el tiempo que necesita una oposición como prisiones”, asegura Katia, que añade “y luego me gusta mucho mi trabajo y pensaba, "¿qué hago yo con unos presos cuando estoy aquí con mis niños encantada?"”. Y es que, aunque recuerda que el principio fue complicado, “me costaba salir del trabajo y no pensar en ello”, continúa, “ahora ya son muchos años, es mucha experiencia y son muchos casos los que ves y, por desgracia o no, ya te haces a ello”.

Pero su trabajo, a pesar de ser, en ocasiones, difícil, por los casos que tiene que tratar, para Katia resulta muy gratificante. Y es que, asegura que cuando le preguntan qué hace en su trabajo, la respuesta fácil es “soy una madre sustituta”, aunque relata que su trabajo va mucho más allá, “promuevo la inclusión social de los menores, intento mejorar su calidad de vida, favorezco su integración social, les facilito el aprendizaje y el desarrollo de habilidades y promuevo valores. Y lo más importante que hago es satisfacer sus necesidades físicas, de seguridad, sociales y también intento por lo menos satisfacer las emocionales, que luego depende de cada niño y de cada caso, pero intento darles lo que necesitan”.

A Katia le encanta su trabajo como educadora social, pero también disfruta de su tiempo libre con su familia y sus amigos.
A Katia le encanta su trabajo como educadora social, pero también disfruta de su tiempo libre con su familia y sus amigos.

Katia compagina, en la actualidad, su trabajo como ‘madre sustituta’ con el de madre el cien por cien, de su pequeño Álex. “En mi tiempo libre, voy con el niño al parque, vamos a uno y a otro, porque tenemos la suerte de tener varios parques”. Pero también busca tener tiempo para disfrutar de sí misma, “voy a yoga y a pilates, me gusta mucho, me siento bien y es un ratito que tengo para ser yo”, además, Katia añade, “también me gusta dar paseos y tomar un café con mis amigas, o algunas cañas cuando puedo”.

Katia siempre ha sido una persona divertida, extrovertida, cariñosa con sus amigos y muy familiar. Y estos valores son los que, a día de hoy, la definen, tanto en su vida personal, como en su trabajo.