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Mi Semana Santa, Natalia Arenas

"Los preparativos de la Semana Santa los asemejo a los de mi propia boda"

Natalia Arenas ha crecido inmersa en la Semana Santa de León, una tradición que ha marcado su vida y en la que participa con pasión y compromiso, sintiendo un profundo vínculo con su ciudad y sus cofradías
NATALIA ARENAS
Natalia Arena nos comparte dos fotos de su Semana Santa.

Desde que tiene memoria, Natalia Arenas ha sentido la Semana Santa leonesa como una parte esencial de su vida. "Me considero papona de acera desde que nací", afirma, recordando cómo su familia le inculcó el amor por esta conmemoración. Crecer en un entorno en el que la Semana Santa era una cita marcada en el calendario de manera inamovible dejó una huella imborrable en su identidad.

Su vínculo con esta tradición viene de lejos. Su abuela regentaba un bar en la Plaza del Grano, un lugar que bien podría considerarse el epicentro de la Semana Santa en León. Desde allí, la familia vivía con entusiasmo esos días tan esperados. Sin embargo, la vida la llevó lejos de su ciudad durante doce años, residiendo en Santander, lo que le impidió participar activamente como le hubiese gustado. "Siempre me tuve que conformar con venir unos días y ver las procesiones", recuerda.

Un sueño hecho realidad

Fue en 2014 cuando su sueño de formar parte activa de la Semana Santa se hizo realidad. Se unió a la cofradía de Nuestra Señora de las Angustias y Soledad y se inscribió inicialmente como bracera del paso de 'La Lanzada'. No tardó en encontrar su verdadero lugar en el 'Cristo Yacente', en el que es bracera titular y al que acompaña en la 'Procesión del Entierro' de Angustias los Viernes Santos en los años pares. "Fue mi primera cofradía, la que me hizo por fin vestir la túnica con la cual tanto había soñado participar".

Para Natalia, la Semana Santa lo es todo. "Los preparativos de Semana Santa los asemejo a los de mi propia boda", confiesa, reflejando la importancia que tiene en su vida. Es una cuenta atrás constante, un anhelo que se renueva año tras año.

Descubrimientos únicos

En 2015, se aventuró en una nueva faceta al participar como manola en la 'Procesión de la Pasión' del Lunes Santo tras el paso de Minerva, 'La Piedad'. "Pensaba que no me iba a gustar, porque siempre dije que quería ser papona, pero ahora no sabría elegir si me gusta más vestir túnica o vestir mantilla". Su implicación no se detuvo ahí. Posteriormente, comenzó a procesionar los miércoles, primero detrás del 'Cristo de la Salud' y, más adelante, detrás de 'Nuestra Señora de la Veracruz', un paso que considera uno de los más bonitos de toda la cofradía.

Su interés por la vestimenta de mantilla fue en aumento. "Me parece que muchas veces no nos lo tomamos lo suficientemente en serio. Tenemos una tradición en León preciosa y magnífica". Con esta convicción, se ha dedicado a ayudar a otras mujeres a vestirse con rigor y elegancia. Siempre lleva alfileres en su abrigo para asistir a las hermanas en su preparación. "Somos la imagen de la Semana Santa de León y es fundamental hacerlo bien".

Cada año ampliaba su compromiso con la Semana Santa leonesa. En 2016, además de repetir como manola en Minerva, se unió a la procesión de la Redención el Domingo de Ramos. "Me llamó la atención lo bien adornados que están los pasos y esa identidad tan seria que tienen", comenta. "Para mí es un sentimiento que no puedo explicar con palabras", añade.

Una hermandad

En 2021, dio un paso más y se unió a la cofradía de María del Dulce Nombre. Su sueño de pujar el paso de la 'Virgen del Camino' se hizo realidad, pero su compromiso no terminó ahí: también forma parte del grupo de montaje. "Es posiblemente lo mejor que he hecho en mis 31 años, porque no hay mayor hermandad que esa y es maravilloso".

Natalia Arenas frente al paso 'Virgen del Camino Esperanza Nuestra' de la Cofradía de María del Dulce Nombre.
Natalia Arenas frente al paso 'Virgen del Camino Esperanza Nuestra' de la Cofradía de María del Dulce Nombre.

Para Natalia, la Semana Santa es mucho más que una celebración religiosa. "Es amistad, es estar en familia, es unión", expresa. No se trata solo de la fe en el sentido estrictamente religioso, sino de la pertenencia a algo más grande. "Es hacer algo juntos, como cuando te metes detrás de un paso o das la mano a otra hermana manola para cruzar un suelo empedrado".

Momentos inolvidables

Los recuerdos que más atesora son los momentos compartidos con sus primos, con quienes siente una conexión especial en estas fechas. "Soy la prima más feliz del mundo por compartir estos momentos con ellos". También valora esos instantes en los que, junto a su madre y sus tías, madruga para ver una procesión a las ocho de la mañana en la cuesta de las Carbajales, tomando después un café o un chocolate. "Para mí, eso es lo más grande que hay. Ojalá todo el mundo lo sienta igual, porque es lo más bonito".