El tiempo

En Villablino, lágrimas entre interrogantes: "¿Cómo es posible que haya sucedido esto?"

El dolor es palpable en cada rincón de la capital de Laciana y en toda la comarca; en bares, plazas y calles, el sentimiento es el mismo: incredulidad, tristeza y rabia ante un destino que muchos creían superado

La tragedia a golpear a Villablino. No hay consuelo para tanta desdicha, con la pérdida de cinco mineros, cuatro de ellos de la capital de Laciana, y otro más en Torre, pero con raíces en Bembibre.

"Es un día muy duro, muy difícil. La mina vuelve a mostrar su peor cara con quienes solo quieren ganarse el pan", lamentó el alcalde de Villablino, Mario Rivas, quien ha permanecido en la bocamina desde que se conociera la tragedia. Con voz quebrada, el regidor ha expresado el pesar de toda la comunidad y ha anunciado que el polideportivo municipal se convertirá en capilla ardiente para que familiares, amigos y vecinos puedan despedirse de los fallecidos.

El dolor es palpable en cada rincón de la localidad. En bares, plazas y calles, el sentimiento es el mismo: incredulidad, tristeza y rabia ante un destino que muchos creían superado tras el cierre progresivo de las explotaciones mineras en León y Asturias. "Creíamos que esto no volvería a pasar, que la mina ya no se llevaría más vidas en esta zona", se lamenta un vecino, mientras observa las banderas a media asta en el Ayuntamiento.

En las casas de las víctimas, el luto se lleva en silencio, roto por el llanto y el recuerdo de quienes se fueron demasiado pronto. "Era la mejor persona bajo las estrellas", dice entre sollozos una mujer en Sosas de Laciana, recordando a Jorge Carro, una de las víctimas. Trabajó en la mina de Cerredo desde su reapertura y deja atrás un hijo pequeño.

Mineros de vocación

Rubén Souto, otro de los mineros fallecidos, tenía 49 años y estaba a punto de jubilarse. "Soñaba con comprarse una caravana y viajar por Europa. No quería saber nada más de la mina. Se quedó a las puertas", lamenta su vecino Faustino Iglesias.

El testimonio de quienes los conocieron es unánime: eran mineros de vocación, curtidos en un oficio peligroso que a muchos les ha costado la vida. "Toda la vida en la mina", recuerda con pesar José María Pérez sobre Amadeo Bernabé Castelao, otra de las víctimas.

La tragedia ha golpeado con fuerza a una comunidad que sabe lo que es el dolor minero. "A quien más y a quien menos, la mina nos ha dejado cicatrices", dice un cliente de un bar de Villablino, mostrando un dedo al que le falta un fragmento. La mina, que dio sustento a la comarca durante generaciones, también ha sido su verdugo.

Dudas entre los mineros veteranos

Sin embargo, entre el dolor también surgen dudas. Algunos mineros veteranos no comprenden cómo se pudo producir la explosión. "¿Cómo es posible que los sistemas que detectan la presencia de grisú no alertaran?", se preguntan. Y no es la única incógnita: "¿No había un control de seguridad? El grisú se esconde tras las bóvedas y se aprecia si tienes experiencia y haces las revisiones. No sé, es difícil entender lo que ha pasado", añade un exminero en Villablino. Ahora será la policía judicial quien asuma la investigación para esclarecer lo ocurrido.

El martes, la capilla ardiente recibirá los cuerpos de cuatro de los cinco mineros fallecidos, en un último adiós de un pueblo entero que llora a sus hijos.